02
abril

La Chana, el otro andén

Anuncio de una promoción inmobiliaria en  La Chana. 1960

Anuncio de una promoción inmobiliaria en La Chana. 1960

Creo que pisé La Chana como adulta por primera vez a los veintipocos años. Una especie de seminovio chanero me invitó una tarde a conocer las delicias de unos lugares llamados Teruel y Güejareño, así que caminé en la dirección contraria a la que lo hacía siempre, crucé avenidas que no conocía y siguiendo las instrucciones del chanero bajé una rampa por la que los coches corrían a velocidades supersónicas despeinándome los rizos. Cuando emergí al otro lado y encontré una acera donde caminar comprobé que era un barrio normal, incluso parecido al mío, y recordé que de más pequeña mi padre me llevaba a que un médico de las Torres me mirara la garganta.

Más tarde, todas las veces que he ido a la Chana he tenido que volver a mirar con gravedad los mapas de las marquesinas de los autobuses, y preguntar a varias personas las líneas que me habrían de llevar hasta allí, casi como un viajero decimonónico a punto de comenzar una ruta para el National Geographic.

Sí, la Chana como lugar de suministro de materia prima, de comercio dinámico y de aromas exóticos

Si consideramos que es un barrio limítrofe con el mío y no al otro lado de la ciudad entonces surgen una serie de interrogantes, y todas desembocan en el mismo sitio, en la indignación por la existencia de políticas feroces que aislaron los barrios con altas tapias, vías de ferrocarril o solares baldíos donde anidan las ratas desde hace años.

La Chana era ese sitio de allende las vías del tren y los pabellones militares de donde una conocida de mi familia venía con regalos en Navidad, que siempre era un pijama y un bote de colonia Farala comprados en una tienda llamada “Tejidos La Flor”, ese barrio donde la gente iba expresamente a comprar paletillas en el tiempo de las habas y a llenar los maleteros de los coches de sacos de patatas y kilos de fruta.

Sí, la Chana como lugar de suministro de materia prima, de comercio dinámico y de aromas exóticos. Después he tenido muchos amigos y amigas chaneros, y todos ellos conservan el aire del que se ha buscado la vida desde pequeño, pasando una y otra vez bajo las vías del tren para llegar a la ciudad o directamente saltando por encima de ellas.

Si nada lo remedia, los nuevos planes de movilidad y las políticas feroces volverán a condenar a la Chana a su aislamiento de años, a suprimir líneas y paradas de autobuses y a volver a dejar las vías del tren con la tripas al aire. El autobús, ese reclamo para vender pisos que ya existía en los anuncios publicados en 1960.

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