29
enero

Parábola de los ciegos

Parábola de los ciegos. Peter Brueghel el Viejo, 1568. Museo de Capodimonte. nápoles

Parábola de los ciegos. Peter Brueghel el Viejo, 1568. Museo de Capodimonte. Nápoles

Mateo 15, versículo 14: «Dejadlos, son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego los dos caerán en el hoyo»

En menos de una semana, los hilos casi invisibles que sustentan mi economía (ahora que lo pienso no son invisibles, son negros negros), empezaron a dar síntomas evidentes de deterioro y a estas horas ya sólo están unidos por unos leves filamentos. El trabajo hace años que se acabó, no hubo indemnización, ni despido ni ERE ni nada. Tampoco hubo subsidio por desempleo, el ser autónoma te coloca automáticamente en el limbo de la vida laboral, donde las palabras nómina, sueldo, extra, complemento o trienio tienen exactamente el mismo significado que quimera, unicornio, centauro o sirena. Sobrevives, claro está, y te mentalizas y te haces listas en tu cabeza de todas las cosas que son gratis en la vida y que muchas veces la gente paga por ellas, y directamente pasas a ejecutarlas, así que disfrutas mucho del sol cuando te da en la cara, de reírte a carcajadas con los amigos y de ver todas las exposiciones que los bancos, cajas de ahorros e instituciones te ponen por delante. En las bibliotecas y los archivos también se pasan muchas horas, se está caliente y como no hay nada que comprar no hay tentaciones peligrosas. Y luego dicen que la crisis es mala para la cultura. 

En las bibliotecas y archivos se está caliente y como no hay nada que comprar no hay tentaciones

Cuando todo se fue al garete apareció de pronto un piso familiar que regentar («qué suerte tienes, está en muy buena zona» y tal), y entonces hube de desarrollar mis habilidades como casera. Eso incluía desatascar lavabos y fregaderos, conocer los pormenores del cambio de boletín eléctrico, y disimular los años de las paredes con pintura plástica. El signo de los tiempos también acucia, y entonces me convertí en la casera 2.0, que vende el piso a estudiantes Erasmus por internet, y en una misma tarde he llegado a poner el mismo anuncio en inglés, italiano e incluso en catalán. Era verdad lo de saber idiomas. También utilizo Whatsapp, y pongo emoticonos de caritas amables y sonrientes para agradecer el interés mostrado. Todo esto es muy cansado, lo del mantenimiento, la pintura, los enchufes rotos, los pagos atrasados y la búsqueda continua varias veces al año.  Esto viene a cuenta del despeñamiento de la semana pasada.

El primero de los ciegos era un estudiante de Cádiz al que le acababan de negar la beca

El primer ciego era uno de mis inquilinos, estudiante al que le acababan de negar la beca y por consiguiente había de hacer la maleta y regresar a la bahía de Cádiz y venir solamente a examinarse. La segunda ciega se acababa de quedar embarazada y decidió errar hacia otro destino más amable donde gestar, y la tercera ciega espera a estas horas su carta de despido de una tienda de cigarrillos electrónicos. Todavía queda una superviviente de esta galería de retratos de la crisis, sujetando aún su palo y mirando hacia el cielo. Yo soy la quinta de la fila de los ciegos de Brueghel, aún camino con paso seguro, sustentada y guiada por todos ellos, que ya han caído o están a punto de caer. Y ahí vamos todos, en un equilibrio frágil y precario, pero siempre dando pasitos adelante y levantando bien la cara para que no deje de darnos el sol nunca.

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